
La idea inicial: Fotografía de aventura en un entorno único
El barranco de Calzadillas, ubicado en plena Sierra Morena de Sevilla, es uno de esos rincones mágicos para los amantes de la aventura y la fotografía. Con sus tres rápeles estratégicamente distribuidos, sus saltos adrenalínicos y los toboganes naturales esculpidos por el agua, se presenta como un escenario perfecto para una sesión fotográfica de alto impacto.
Mi objetivo era capturar la esencia de este barranco, transmitir la fuerza del agua, la majestuosidad de la roca y la emoción de los deportistas que desafían sus obstáculos. Para ello, preparé un equipo fotográfico acorde a las exigencias del entorno:
- Canon R6: una cámara sin espejo con una excelente gestión de ruido y un enfoque rapidísimo, perfecta para la fotografía de acción y paisajes.
- Samyang 14mm f/2.8: un ultra gran angular ideal para capturar la inmensidad del barranco.
- Canon RF 24-105mm f/4: un todoterreno con una versatilidad brutal, ideal para planos más cerrados y tomas de acción.
- Filtro ND: imprescindible para realizar largas exposiciones y capturar la suavidad del agua en movimiento.
Con todo listo, la motivación por las nubes y un grupo de barranquistas preparados para la acción, nos dirigimos al punto de acceso del barranco. Sin embargo, la naturaleza tenía otros planes para nosotros.
La sorpresa: Un barranco desbordado
Al llegar al inicio del barranco de Calzadillas, nos encontramos con un panorama inesperado: el caudal estaba completamente desbordado. Las lluvias de los últimos días habían transformado el recorrido en un auténtico río en plena crecida. Lo que normalmente es un flujo controlado de agua se había convertido en una corriente incontrolable, con remolinos, espuma y una fuerza que hacía impensable cualquier intento de descenso seguro.
Lo primero fue evaluar la situación. Como profesional del turismo activo, la seguridad siempre es lo primero, y no tenía sentido poner en riesgo a los barranquistas ni a mí mismo por unas fotografías. Si el agua está demasiado fuerte, las cuerdas pueden sufrir un desgaste inusual, los saltos pueden volverse peligrosos y los movimientos en el agua pueden ser impredecibles. Todo indicaba que no era el día adecuado para entrar en el barranco.
Adaptando el plan: Buscando otras perspectivas
Con la sesión de fotografía barranquista descartada, todavía quedaba la posibilidad de aprovechar el entorno para otras tomas. Decidí entonces cambiar de estrategia y centrarme en fotografía de paisajes y larga exposición. El barranco, aunque impracticable para el descenso, se había convertido en un espectáculo visual impresionante. Cascadas improvisadas, corrientes arremolinadas y una paleta de colores vibrantes gracias a la humedad en la roca.
Saqué el Samyang 14mm y coloqué el filtro ND para probar algunas tomas de larga exposición. La idea era capturar el dinamismo del agua con el efecto sedoso que solo este tipo de fotografía permite. Configuré la cámara con una exposición prolongada y el trípode bien asegurado en la roca para evitar vibraciones.
Sin embargo, la fuerza del agua y la fina llovizna que persistía complicaban la toma. La humedad en el aire empañaba el objetivo constantemente y el spray del agua golpeaba la lente con cada ráfaga de viento. Fue una batalla constante por mantener la limpieza del cristal y lograr una imagen nítida.
Probé distintas configuraciones con el 24-105mm RF, buscando capturas más cerradas de la espuma del agua y los reflejos en la roca mojada. A pesar de las dificultades, conseguí algunas tomas interesantes que transmitían la brutalidad del momento, aunque no era lo que inicialmente tenía en mente.
Reflexiones sobre una sesión fallida
No siempre las sesiones de fotografía salen como uno espera, especialmente cuando se trata de fotografía de aventura. En este tipo de entornos, la naturaleza siempre tiene la última palabra y la improvisación es una habilidad clave. Aunque no logré la sesión que tenía en mente, el día no fue un fracaso total. Pude experimentar con tomas de larga exposición en condiciones extremas y, sobre todo, reforcé una vez más la importancia de adaptarse a las circunstancias.
El barranco de Calzadillas seguirá ahí, esperando otra oportunidad para ser fotografiado en su versión más deportiva. Mientras tanto, este día quedará como una anécdota más en el camino de la fotografía de aventura, un recordatorio de que la naturaleza no se deja domar y que siempre tiene una sorpresa reservada para aquellos que se atreven a desafiarla con una cámara en la mano.

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